Capiella d'Ánimes

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 En L'Aspu, Llastres, camín de Lluces.

05-09-2020.







Hibiscu

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 La Miñota, Güerres, 05-09-2020.






Primer visita los gatinos

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 Con so madre.

La Miñota, Güerres, 05-09-2020.




Premiu Nacional de Lliteratura

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                         CUADRAXÉSIMU SEGUNDU DÍA DE LES LLETRES ASTURIANES

                                 EL PREMIU NACIONAL DE LLITERATURA

                El próximu 2 d’ochobre, vienres, va celebrase’l cuadraxésimu Día de les Lletres Asturianes (¡Yá van años!), que s’aplazara en mayu pola situación d’acorripiamientu o acorraxamientu provocada pola pandemia.

                D’aquella, por tanto, nun pudo procedese a l’actu de la entrega del Premiu Nacional de Lliteratura, que nesta segunda edición, tuve la suerte que recayere na mio persona. Pues bien, xunto col nomamientu como Correspondiente de Pablo Rodriguez Medina y l’habitual discursu del Presidente l’ALLA, Xosé Antón González Riaño, va llevase a cabu l’actu aplazáu naquella fecha.

                Por ciertu, con motivu d’ello asoléyase una antoloxía de lo mio obra lliteraria y filolóxica (poesía, teatru, novela, cuentu, estudios lliterarios y llingüísticos). Esta ye la semeya la so portada.




Ayer, en La Nueva España: Pallabres ensin pesu, pallabres posaes

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PALLABRES ENSIN PESU, PALLABRES POSAES

                A diariu atopa uno nos medios pallabres ensin pesu, pallabres que nun tienen más sustancia que los fonemes colos que se sustancien, yá porque nun sepa bien lo que diz el que fala, yá porque quiera ocultar daqué.

                “Que se sepa la música no transmite el virus”, diz José Luis Álvarez Almeida, presidente d’OTEA, pa quexase del pieslle de los bares nocherniegos. Y ye verdá, pero, al marxen d’otres cuestiones, sabe bien qu’eso ye un sofisma: la música nun tresmite’l virus, pero pue trespasase ente los clientes qu’acuden a les hores del esperteyu a sentila y tomar copes.

                Un rapaz de les Nuevas Generaciones del PP de Xixón paxarea’l so apoyu al xoven de Wiscosin que mató a tiros a dos manifestantes negros. Poco dempués el pío-pío retírase y el rapaz diz que lu trinó por error. Falso. Trinólu porque-y paeció bien facelo. Nun fue un “error”, como’l del que pon “gata” por “gota”, como quier dicir. Si acasu, fuelo nel sentíu que tien na famosa frase de Fouché, viendo les repercusiones negatives que pa Francia tuvo’l fusilamientu del duque d’Enghien: “Ye peor qu’un crime, ye un error”.

                Pallabres ensin pesu, pallabres de disimulu

                Llamóme l’atención una entrevista que LA NUEVA ESPAÑA fai a dos cineastes, Marcos Merino y Marta F. Crestelo, nel especial del Día d’Asturies. Poques vegaes vi tanta claridá nel análisis de lo que nos pasa: el nuestru conservadurismu, el nuestru mirar hacia atrás que nos convierte n’estatues de sal, la señardá permanente de la industria del pasáu y l’esperar siempre polo público y l’Estáu, la desconfianza hacia lo nuevo, la falta d’unidá y proyectu común, l’ausencia de tresmisión de la historia y la cultura, l’avergoñase o menospreciar lo nuestro, los mitos de l’obrerismu, el disparate de formar mozos pa la emigración…

                Pallabres de pesu. Dícennos, valiéndonos d’Ortega: “Nun queremos saber lo que nos pasa y eso ye lo que nos pasa”. 

Ayer, en La Nueva España: La mentira, la comedia y el concilio

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                         LA MENTIRA, LA COMEDIA Y EL CONCILIO

                Lo saben de sobra. La política española está llena de mentiras y mentirosos. Sin disimulo. Sin pudor. A la luz del día. He aquí algunas de las últimas, de las ultimísimas: doña Celaá manifiesta que no habrá bajas retribuidas para aquellos padres cuyos hijos queden en cuarentena sin dar positivo en covid. Dos días después don Iglesias dice que va a haber. Dos más tarde, doña Yolanda dice que ya está legislado (falso, el programa que contempla esas ayudas concluye el 24 de este mes). Cuatro más allá, don José Luis (el de la renta mínima como socorro de necesidad perentoria y respuesta inmediata, ja, ja, ja), que está en estudio. ¿Ineptidud? ¿Ignorancia? ¿Babayería? No. Lo del concilio.

                He aquí que una gran parte de los ayuntamientos, especialmente los del Partido Popular, se manifiestan con extremada hostilidad contra la pretensión del Gobierno de tomarles en préstamo sus remanentes de tesorería, que no pueden usar por una ley de Montoro aprobada durante los años de la crisis de los años diez. Apelan a la justicia y claman contra “el expolio”. Bien, pero hasta hoy estuvieron achantados, sin poder usar igualmente los remanentes. Quienes ahora, más o menos, están conformes con la propuesta del Gobierno son los municipios socialistas, que, mientras gobernaba el PP, clamaban contra la ley de Montoro y, encabezados por el propio Pedro Sánchez, calificaban aquello de atraco y pedían usar libremente esos dineros. Ya ven cómo es la comedia. Por cierto, con eliminar la ley ya estaría resuelto el problema del gasto de los remanentes municipales. ¿Lo ha propuesto el Gobierno?

                Sigamos. He aquí que Podemos jura y perjura, como Aníbal ante su padre Amílcar, odio eterno a los de Ciudadanos, y que con ellos no acordará nunca unos presupuestos. Días después dice que no le gusta, pero que todo sea por el pan, digo, por la patria, esto es, por los desfavorecidos.

                Pero la más gorda, gorda, tanto que nun entra en prau, la de don Pedro: nunca pactaría con Podemos/Pablo, y solo pensarlo, juraba, le quitaba el sueño. Pero posteriormente, ambos cuyos epónimos son los distinguidos apóstoles cristianos, al igual que los Micifuz y Zapirón de la fábula, hacen caso de conciencia y llevan a cabo lo que decían no iban a hacer así cayese el cielo sobre sus cabezas: arrejuntarse.

                ¿Creen ustedes que todo esto no son mentiras y comedias, sino cambios de posición, mejor valoración de la realidad, ataques de realismo? Están equivocados: lo dicen porque saben que es lo que queremos oír, por eso nos mienten en cada ocasión con lo que estiman oportuno, sabiendo, además, que la memoria del ciudadano en estas materias es más efímera que el placer del sexo, según la valoración que hace Lord Chesterfield en carta censoria a su hijo.

El concilio de Gangres, allá por el siglo IV, condenó a un heresiarca llamado Eustacio, quien afirmaba que, siendo Dios infinito, no se lo podía confinar en el recinto de los templos. La respuesta del concilio fue que no era a Dios a quien se encerraba en los templos, sino a los fieles.

                De manera semejante, las preocupaciones, ocupaciones, discursos, actuaciones de los partidos políticos no versan fundamentalmente sobre la teología o la divinidad, sino sobre los fieles que están encerrados en sus respectivas iglesias; no sobre los problemas de la vida real de los fieles: sobre cómo manteneros aherrojados en la fe, y, para ello, decirles lo que creen que quieren oír.

                Especialmente, en estos tiempos en que parece hacerse más certero y vívido aquel diagnóstico de Ortega y Gasset de 1916 tras una visita a Xixón: “Hubo, sin embargo, largas y ardientes disculpas que dividieron en dos bandos acérrimos a los gijoneses [muselistas y apagadoristas], como hoy se dividen en germanófilos y francófilos y mañana se dividirán de otra manera, porque a los buenos españoles les es el mundo pretexto para querellarse los unos contra los otros”.

                Y todos ellos saben bien como excitar o retener a los suyos, con el sildenafilo de sus comedias o con el sahumerio de sus mentiras.

Ayer, en La Nueva España: Poso la montera

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           L’APRECEDERU

                               POSO LA MONTERA

                Como desde hace veintinueve años, se ha celebrado en el Teatro Prendes de Candás el Salón de Teatru Costumista Asturianu, que patrocina LA NUEVA ESPAÑA.

                Los autores que en él se representan y las compañías que lo hacen continúan una larga tradición que arranca a principios del XX, y en la que destacaron inicialmente, por solo citar un ejemplo de cada, Pachín de Melás y la Compañía Asturiana de Comedias. Lo habitual es que las piezas tengan un contenido melodramático o cómico, aunándose, por lo general, ambos aspectos. Por otro lado, si bien las representaciones suelen recurrir al repertorio clásico, actualizado en referencias, chistes o sentimientos, ningún año falta el estreno de nuevas obras, ya colectivas, ya de autor.

                Este tipo de representaciones tiene, como el de la tonada, un público tan entusiasta como fiel, para el que el Salón viene a representar un excepcional festival de lo clásico y de lo nuevo.

                Merece la pena subrayar el esfuerzo que este año ha representado la celebración del festival y el cuidado puesto en ello, tanto por la organización como por los grupos teatrales, que han tenido que bregar con las dificultades de reunión y comunicación de la pandemia. Aun así, han participado un total de doce elencos, con un total de ocho estrenos, seis de ellos absolutos. Felicidades y enhorabuena.

                Sería injusto concluir este artículo sin una mención especial a Alain Fernández, que dirige el Teatro Prendes, y, por supuesto, el Salón. Su dedicación, entrega, entusiasmo y acierto son memorables.

                 Y, de la misma forma, hay que felicitar al Ayuntamiento de Carreño y a las sucesivas corporaciones, por el sostenimiento del teatro, sí, pero también por tantos actos culturales e instituciones que siempre han sido objeto de especial cuidado y empeño a lo largo de muchas décadas.

                Quizás porque Carreño ha sido la patria del padre de nuestras letras, Antón de Marirreguera.

                Poso la montera.

Ayer, en La Nueva España: Moderadamente pesimista

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                     MODERADAMENTE PESIMISTA

                En 2022 celebraremos el XIII centenario de la batalla de Covadonga. ¿En qué condiciones lo haremos? La pregunta no es meramente retórica. Si Covadonga (o el inicio del Reino) supuso la ruptura con una situación terrible y el comienzo de una nueva época mejor, nos enfrentamos hoy, asimismo, a una grave crisis –evidentemente, no de aquella entidad, pero grave– de la que no sabemos cómo vamos a salir, si igual, mejor o capitidisminuidos.

                Si ustedes han seguido con atención las entrevistas que en este diario se han venido publicando desde hace meses con profesores universitarios, economistas, profesionales de la empresa habrán visto que las respuestas no invitan al optimismo, ya porque así se expresen directamente los entrevistados, ya porque sus propuestas o lo que entienden como necesidades ineludibles (llegar, por ejemplo, a los 500.000 empleos para no ver peligrar nuestro futuro) parecen estar muy lejos de nuestro alcance.

                Como antecedente, señalan algunos de los encuestados el de los fondos mineros, un auténtico despropósito en su gestión, ya que no propiciaron la aparición de empresas con futuro y la creación de empleo. Es cierto que ese despilfarro ya no podrá darse, pues los fondos europeos vendrán condicionados a la inversión en determinadas actividades, fundamentalmente de transformación digital y energética. Pero el antecedente apunta a uno de los principales problemas de nuestra sociedad: la estructura de poder –y, por tanto, de decisión– y el discurso y la mentalidad generales, que son, fundamentalmente, retardatarios, mirando siempre más a repetir el pasado que a abrirse al mundo. Ese conservadurismo es en Asturies consustancial con la izquierda y sus satélites –incluida la de las nuevas iglesias–, pero también con las derechas. Y ese conservadurismo, profundamente vicario, además, del centralismo, no ayudará en nada para el esfuerzo de remodelación e innovación que se requiere. Somos, además, muy dados a la palabrería poco a la práctica. “Asturias debe desterrar el “hay que hacer”– manifestaba Enrique Macián, directivo de Du Pont– y centrarse en tener planes estratégicos”.

Nuestra estructura empresarial es, por otro lado, muy débil: con poco capital y muy pequeñas la mayoría de las empresas, tienen escasa capacidad para trazar y abrazar proyectos complejos y de envergadura. Necesitaremos, pues, abrirnos a buscar inversores o empresas que quieran venir aquí, o propiciar una improbable concurrencia entre las nuestras para diseñar y gestionar proyectos. Y, para todo ello, la competencia de las demás autonomías será feroz: lo que no lleve uno lo llevará otro.

                Por otro lado, el tiempo acucia: entre el 2021 y el 2023 deberán estar realizados los proyectos, en el 70% en el 2022. Tampoco es cosa menor la cofinanciación de las autonomías: si las cosas siguen así, Asturies debería sufragar el 40% de cada proyecto, como el Presidente asturiano subrayaba con quejas en LA NUEVA ESPAÑA del 4/08/2020, ya que nuestra capacidad de endeudamiento es prácticamente nula.

                Haría falta, en otro orden de cosas, mejorar la relación de nuestra enseñanza con la realidad económica. Con otra imbricación de la Universidad y el mundo empresarial, entre la Formación Profesional y ese mundo. Formar cerebros para que emigren año tras año es un dispendio. Nuestra FP es escasamente efectiva y los planes FP-empresas no tienen mucho atractivo para estas.

                Tenemos, además, un Gobierno central tóxico, lo que en nada ayuda a la inversión ni al empleo. Tóxico en la medida en que es un equipo de discursos sagrados, y, así, ha adelantado la transición el carbón o creado problemas innecesariamente con el automóvil, destruyendo tejido y empleo. Es tóxico por su orientación económica y su desconfianza hacia el capital y el empresario. Así, mientras Alemania y Francia bajan impuestos a los centros de actividad, el discurso aquí de buena parte del Gobierno es el de subir esos impuestos; hablan, incluso, de nacionalizaciones. Tóxico en fin, porque, con su política general y autonómica, con sus contradicciones, provoca inseguridad, lo que es contrario a la inversión.

                Digamos fundamentalmente que en la Administración existe, asimismo, un obstáculo de envergadura. Si era hasta ahora torpe, retardataria, entorpecedora de la actividad económica, desde la pandemia está prácticamente desaparecida: nadie coge los teléfonos, es imposible saber si uno está en un ERTE o imposible devolver el dinero recibido indebidamente desde que se ha reincorporado al trabajo, es tarea hercúlea dar de alta a un empleado en la SS, y no digamos ya nada de los trámites cotidianos. Así las cosas, ¿qué va a funcionar?

                El Gobiernu asturianu se propone reformar la Administración: bastaría con que la devolviese a su estado de ineficacia tradicional.

Ayer, en La Nueva España: Todos a la escuela

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                             TODOS A LA ESCUELA

 Los demás. En Europa, y, en general, en el resto del mundo, las aulas están abiertas. Con enseñanza presencial. ¿Hay contagios? Los hay. ¿Se cierran aulas o colegios? Se cierran, pero su cierre es coyuntural y la tendencia y la voluntad es que la enseñanza siga siendo presencial. Y si eso lo hacen los demás, ¿por qué nosotros vamos a ser distintos? Y por si anima a los reticentes, la comisaria de Salud de la UE, Stella Kyriakides, acaba de declarar que diversos estudios en países distintos indican que “la transmisión de niño a niño en las escuelas es rara y que la reapertura de las escuelas no se ha asociado con un aumento significativo de infecciones”.

Escolares y enseñanza presencial. La enseñanza ha de ser presencial. En primer lugar porque se aprende más y mejor en la interacción con el profesor y los compañeros. En segundo lugar porque uno de los objetivos fundamentales de la enseñanza es la socialización del individuo, que solo se produce, obviamente, en relación con los demás. Pero, además, la presencia conjunta en las aulas facilita la adquisición de hábitos que en casa se adquieren con dificultad: la disciplina de horarios y tareas, el contraste de puntos de vista y de discursos ante la vida, los límites sociales...

La experiencia y la enseñanza a distancia. La enseñanza a distancia, que algunos preconizan, no permite evidentemente el ejercicio y adquisición de hábitos y habilidades como los antes señalados. Su efectividad, además, no se sustenta en que el alumno tenga buen ordenador y buena conexión a internet, sino en el tipo de familia que tenga y, por tanto, en el ambiente en que se mueva. Por otro lado, la experiencia de estos pasados meses de encierro nos ha enseñado algunas cosas: un porcentaje no pequeño de alumnos no se ha conectado con sus profesores, lo ha hecho a destiempo o no ha realizado las tareas. Pero, sobre todo, la experiencia común es que los mozos se han sentido desanimados y desmotivados, con poco estímulo para realizar sus tareas o marcarse obligaciones. Que luego el número de aprobados haya sido el más alto de toda la historia, incluidas las pruebas de selectividad, constituye una prueba del fracaso de la enseñanza en ese período (y de otras cosas).

Los padres, su miedo y su trabajo. Entiendo que muchos padres tengan miedo por lo que les pueda pasar a sus hijos. Ahora bien, me hago algunas preguntas. ¿Parte de esos padres temerosos son algunos de aquellos que tienen a sus hijos circulando en la proximidad de las  terrazas, o con ellos, mientras toman algo? ¿Aquellos que les permiten jugar con otros sin apenas mantener los cuidados pertinentes? Pero, sobre todo, una fundamental. Aquellos que no quieren que sus hijos vayan a la escuela en esta situación, ¿cómo van a cuidarlos? ¿Trabaja uno solo de ellos? ¿No trabaja ninguno? ¿Piensan dejarlos con familiares mientras trabajan? Un censo de estas situaciones nos daría un interesante panorama sobre el empleo, el paro y otras cuestiones conexas en España.

El trabajo y la empresa y el Gobiernu y el Gobierno. El Gobiernu ha tomado una serie de decisiones sobre la escuela y su organización que tienen consecuencias sobre el trabajo de los padres y las empresas. La primera, retrasar el comienzo de curso. ¿Los padres que tienen que trabajar qué hacen en tanto? Parece, por otra parte, decidido a que, a partir de segundo de la ESO, la mitad de los alumnos alternen la escuela presencial con la de sentados en casa. ¿Quién está en el hogar con ellos mientras tanto? Porque parece olvidarse que, suponiendo que los padres tengan empleo, han de abandonar su puesto de trabajo durante esos períodos, con lo que eso entraña no solo en lo relativo a su salario, sino con respecto al normal funcionamiento de las empresas y su sostenibilidad. ¿Quién paga esos salarios? ¿Los pierden ellos? ¿Los pierde la empresa? Y, por otro, lado, ¿está legislado cómo solventar esas ausencias, en materia de salarios, en materia de permisos, en materia de costos empresariales? Pues no. Ya ven, Demóstenes-Celáa dice que hay que legislar, Yolanda Díaz, la ministra de Trabajo, dice que ya está resuelto, pero no es verdad, lo que hasta ahora había legislado con carácter temporal, el plan Me Cuida, que impulsa los acuerdos personales entre la empresa y el trabajador, termina su vigencia el 22 de septiembre.

¿Quieren que, al respecto, les diga algo sobre este Gobierno? ¿Para qué? ¿Han pensado ambos, siquiera, Gobiernu y Gobierno, sobre estas cuestiones? ¿Han buscado soluciones? Ustedes mismos. De nuestro Gobiernu se puede decir, además, que llevado por su celo, pretende que los padres firmen un “compromiso de responsabilidad”, según el cual no llevarán a sus hijos a los colegios si tienen fiebre o “síntomas compatibles con el coronavirus”, es decir, tos, carraspera, mocos, dolor de garganta… ¿Esto tipos saben lo que es un invierno? ¿Saben lo que son los rapazos de poca edad durante esa época, afectados frecuentemente con “síntomas compatibles”?

Las empresas, el empleo y la natalidad. ¿Y alguien ha pensado, a todo esto, en las empresas y, por ello, en el empleo? ¿Saben lo que supone que los puestos de trabajo se vacíen de forma imprevista y queden sus funciones sin cubrir? ¿Piensan que todo ello va a animar a contratar padres con hijos o con posibilidades de tenerlos? Porque no es solo una cuestión de salarios ni de ganancias, sino también de seguridad en el cumplimiento de los compromisos con terceros y, en último término, de competitividad y supervivencia. ¡Buen estímulo para el crecimiento demográfico!

¿Cómo dicen que decía Xovellanos en su delirio de muerte? ¡Ah, sí!: «¡Nación sin cabeza!».

Güei, en LNE: Carreteras, sendas y pasta

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                                     L’APRECEDERU

                    


                       CARRETERAS, SENDAS Y PASTA

                Informa la Asociación Española de la Carretera que las calzadas asturianas son las más deterioradas de toda España, cuyas vías circulatorias, a su vez,  se encuentran entre las peor conservadas de Europa. En concreto, el documento  sitúa a la región a la cola en estado del firme, señalización horizontal, balizamiento y barreras de seguridad. La asociación calcula que se necesitarían obras por valor de 346 millones.

                En realidad, no es necesario que nadie venga a señalar el estado calamitoso de muchas de nuestras carreteras. De vez en cuando, “me entretengo” coleccionando las denuncias que, día sí, día no, recoge LA NUEVA ESPAÑA de los vecinos de todos los puntos cardinales de nuestro país y, créanme, ocupan muchos bits los titulares y las imágenes de los vecinos señalando defectos o recordando que llevan quinquenios quejándose sin que la reparación “ni esté ni se la espere”. Del mismo modo, cualquier conductor de vías secundarias conoce en su suspensión los baches y en su sistema de alerta los estrechamientos de las carreteras por la falta de limpieza durante muchos meses.

Como para nuestros deteriorados paseos y sendas peatonales de las vacas gordas: no hay pasta.

                Las propuestas “realistas” que se barajan para solventar el problema de la financiación son las de cobrar al coche por el uso de las carreteras. Es decir, a todos sus impuestos, desde su compra hasta su achatarramiento, pasando por el combustible que consume cada vez que se mueve, se le quiere añadir ahora uno más. Y todo ello, cuando existe una verdadera manía persecutoria contra el coche en la mayoría de las ciudades: usted pague aunque no se mueva, y, si se mueve, más leña. Eso sí, compre coche nuevo para mantener los empleos y el medioambiente.

                Al respecto, no me extrañaría que la desaparición de Santiaguín, el oso, la haya provocado la toma de conciencia del plantígrado del peligro de nuestras carreteras.