Un buen camino: el déficit del 6,7%


La mayoría de las agencias y organismos internacionales, así como de los economistas, no creían que el Reino de España se acercase al compromiso del 6,3%. Pensaban que se superaría con mucho el 7% y, la mayoría, opinaban que andaría cerca del 9%. Pues bien, en plena recesión se ha alcanzado un déficit del 6,7%, solo cuatro décimas superior al 6,4%.

Si me lo permiten, recordaré que fui de los pocos que creía en ello. Así, efectivamente, decía el 25 de enero de este año:
Si, como se espera, el déficit estructural se ha reducido en el 2012 hasta el entorno del 7% y si la UE alivia la presión para los plazos de reducción del mismo, ello sería un enorme empujón para la financiación, la inversión exterior y la confianza interior, lo que haría, pese a los ajustes que nos quedan en algunos sectores como el financiero o el minero, que el empleo empezase a crecer aun antes de lo que pensamos y que, tal vez, una vez producido ese primer impulso, lo hiciese a un ritmo mayor del esperable, porque, en todo caso, el empleo se va a crear ahora con un crecimiento bastante menor del 2% del PIB anual.
Lo que no era sino la continuación de mi línea analítica (y optimista) desde julio del año pasado, en que decía:
«Terminaré con un pronóstico optimista que vengo anunciando hace tiempo: si, como parece, la situación financiera se estabiliza, hacia finales de este año empezaremos a ver también señales positivas, la detención de la destrucción de empleo y, tímidamente, otro clima inversor».
En todo caso, el éxito ha sido reconocido en el extranjero, por agencias y organismos. Así, los reenvío a esta información que refleja la valoración positiva -el «logro»- por parte de Moody's y Standard and Poor's Éxito con el déficit.

Ya sé que subsisten miles de problemas, pero, en todo caso, este de la reducción del déficit no es un mal paso en el camino. Si, como sospechamos, a ello lo acompaña la reducción del objetivo de déficit por la UE y la rebaja de la prima de riesgo, es decir, de nuestra financiación en los mercados, estaremos sacando la cabeza de debajo del agua.

Y, como saben, prefiero apuntarme a la cofradía del optimismo o semioptimismo injustificado que portar el hachón en la innúmera "Cofradía del santo desastre", donde los cofrades son legión.