Güei, en La Nueva España: Veinte años después

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L'aprecederu

Veinte años después

21.02.2019 | 00:52
Bueno, un poco más tarde. En 1995 aparecía un Real Decreto regulando derechos y deberes de los alumnos, fruto de un Gobierno de Felipe González. El texto establecía una filosofía que ha perdurado hasta recientemente y que ha sido una de las causas del deterioro de la convivencia en las aulas. En sustancia, equiparaba, a efectos de faltas y sanciones, la palabra del profesor y la del alumno y establecía un procedimiento contradictorio entre ambos a fin de establecer la verdad. A tal fin un instructor (un "relator") tomaba nota de las negaciones o alegaciones del discente.
Muchos docentes y centros atesoran algunas historias escandalosas de ese procedimiento. En alguna, por cierto, ocurrida en mi centro, intervino como inspector el actual Consejero de Educación.
Unos pocos, aficionados a dar voces en castañéu, levantamos nuestra voz, a la que los mandamases hicieron oídos de mercader.
Y así siguieron las cosas. Cuando el Principado, por ejemplo, en 2007 reguló la misma materia, siguió idéntica filosofía. [............................................]
Ahora el Decreto 7/2019 modifica el rumbo y establece que las palabras del profesor "gozarán de presunción de veracidad". Es cierto que el Decreto desarrolla (¡seis años después!) la Ley 3/2013, a la cual se vieron arrastrados los socialistas. Dejemos, con todo, que el Consejero presuma de la nueva filosofía. [...................................................]

Un llibru perinteresante

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¿Por qué ye interesante? Por tres razones, al marxen de les de la propia biografía d'estos dos artistes, tan importantes na música asturiana. La primera porque ye un análisis perfechu de la nuestra sociedá, de la sociedá asturiana, tan despreciatible de lo propio ("¿Esi?" O "¿Quién ye esi?" son dos de les armes coles qu'operamos pa corta-y les pates a tol que destaque y/o sea distintu), lo que vien a desplicar, según l'autor, "el fracasu" y la vida casi de miseria de los dos artistes.

La segunda, porque nos pinta'l mundu la preguerra y, pal que quiera velo, cómo taba yá ellí asitiada la guerra civil, especialmente ente la xuventú.

La tercera, porque tien un emplegu abundante de vocabulariu y espresiones asturianes, lo que tien la so importancia sociolóxica frente a los que quieren desconocer que l'asturianu fue la llingua coloquial de tola sociedá asturiana durante sieglos, incluso de los profesionales y la xente culto: l'autor, yera, ente otres munches coses, musicólogu, doctor en derechu y xeneral del Exércitu del Aire.

Del feminismu d'ayer al de güei (Dolores Ibárruri)

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1932. Mitin ("mitín", dicen dalgunos falantes) de Dolores Ibárruri nel Fontán (Uviéu). El mitín tien una mena feminista. D'esmenu doña Dolores llevanta les faldes hasta la cabeza. ¿Llevaba bragues? Lo que ye seguro ye que llevaba'l tapín.

Grita: "Hijos sí, maridos, no", ente l'entusiasmu d'una parte del muyeríu.

Yá ven lo que va del femenismu d'ayeri al de güei: a favor del amor llibre, sí, pero en contra del desiertu demográficu. 


(Ehí-yos pongo dos semeyes de doña Dolores, non mui moza, pero más moza de lo qu'apaez nes fotos habituales; por ciertu, la Colau dáse-y un aire).





AL ABELLUGU DEL CAÑU DORÁU

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                   AL ABELLUGU DEL CAÑU DORÁU

              
                                   (Un textu del 23/03/2005)


            En uno de los pasajes más hermosos de la literatura, el libro VI de la Eneida, el protagonista baja a los infiernos. Lo acompaña la Sibila de Cumas y lleva en su mano, como amparo y salvoconducto para abrirse paso en el reino de las sombras, un cañu doráu. Esta rama de hojas de oro sospechan algunos que pudiera ser nuestro arfueyu y que estaría en relación con el culto a los árboles -muy particularmente al carbayu-  y al arfueyu, que los druidas celtas supondrían un instrumento mágico de inmortalidad. James George Frazer, entendiéndolo en ese sentido, ha puesto precisamente ese nombre a su magistral y clásico The golden bough y dedica un extenso capítulo de su obra a esa materia, y, por supuesto, a la conexión de esas prácticas del culto a los árboles, en cuanto relación con la inmortalidad y la renovación de la vida, con el cañu doráu del texto virgiliano.
            El fundador de la futura gloriosa Roma baja al reino de Plutón para conocer su futuro, pero también a ver a su padre, Anquises, a quien ha perdido en una de las etapas de su largo período tras el éxodo de Troya, en Drépano, poco antes de llegar a Cartago, donde ocurrirá el famosísimo episodio de Dido, que tanta descendencia literaria y artística tendrá en los siglos futuros.
            En general, griegos y romanos creen en la existencia de un alma inmortal, separable del cuerpo –preexistente a él-, que sufre juicio en el Hades y, en su caso castigo, aunque, a veces no dejen de asomar dudas: “Quizá esto te parece un mito, a modo de cuento de viejas, y lo desprecias”, le dice en el Gorgias platónico, a propósito de los relatos sobre el más allá y el alma, uno de los interlocutores a otro. Pero, fundamentalmente, esa es la creencia, complementada con la idea de que las almas vuelven a encarnarse hasta purgar sus culpas y poder, así, quedar definitivamente en la estadía de los bienaventurados, los Campos Elíseos o el “espíritu y ánima del mundo” –como manifiesta Anquises a su hijo-, donde recuperan “su pureza del etéreo principio y la centella de impoluta lumbre”.
            Esa inmortalidad del Hades, del reino de las sombras, donde los hombres vagan incorpóreos, sometidos o no a castigo, sin embargo, no la imaginan demasiado venturosa griegos y romanos. Cuando, en la Odisea, el protagonista, que también ha traspasado el Aqueronte, encuentra a Aquiles, éste le dice: “No intentes consolarme de la muerte, noble Odiseo. Preferiría estar sobre la tierra y servir en casa de un hombre pobre, aunque no tuviera gran hacienda, que ser el soberano de todos los cadáveres, de los muertos”.
            Como el fértil en astucias Ulises, Eneas desciende a los infiernos en busca de su rumbo y destinos, sí, pero también, como Orfeo lo ha hecho en pos de Eurídice, llevado por el amor a su progenitor, al que desea ver por última vez. (“sólo pido una gracia –había dicho, antes de iniciar su viaje, a la Sibila- poder llegar a ver a mi padre querido cara a cara”). También su padre esperaba su venida. Estas son sus trémulas y emocionadas (las tomo de la traducción de Javier de Echave-Susaeta, en Gredos) palabras, que no podemos escuchar sin un punto de emoción:
            “-¡Has venido por fin! Tu amor filial, en que tu padre tenía puesta el alma, triunfó de los rigores del camino. Me es dado ver tu rostro, hijo, y oír tu voz que conozco tan bien y hablar contigo. Sí, mi alma lo esperaba. Me imaginaba que habías de venir y contaba los días. No me engañó mi afán.”
            A las que responde su descendiente de forma que no nos sollivia menos:
            “-Tu imagen, padre, tu entristecida imagen, que acudía a mi mente tantas veces, me ha impelido a este umbral. Dame a estrechar tu mano, padre mío, y no esquive tu cuello mis abrazos.”
            Y es ahora cuando la escena, que ha venido suscitando nuestra empatía progresivamente, llega a su cenit, provocando en nosotros la señardá por el profundo fracaso del encuentro, por la terrible decepción con que culmina toda aquella espera de años, todo aquel esfuerzo y riesgo por descender al reino de los muertos, todas aquellas emociones que no tienen dónde descargarse finalmente: “Diciendo esto, las lágrimas le iban regando el rostro en larga vena. Tres veces porfió en rodearle el cuello con sus brazos y tres veces la sombra asida en vano se le fue de las manos lo mismo que aura leve, en todo parecida a un sueño alado.”
            Más allá de la emoción concreta del texto que acabamos de examinar y la traslación inevitable a otras pulsiones semejantes de la experiencia personal o colectiva, no podemos menos que considerar la decepción en él contenida como un más amplio símbolo del fracaso de la experiencia humana, de nuestro carácter contingente y de la fragilidad de nuestras ilusiones y nuestra esperanza. Aunque vayamos en busca de ella protegidos o guiados por el cañu doráu de la utopía, la ideología o la religión.
            De forma semejante, pero con menos calidad literaria y humana casi siempre, ese sentimiento de defraudación con respecto a lo esperado, de éxtasis fallido que desvela la falsedad o maldad de aquello que con tanto entusiasmo habíamos perseguido, aparece en otras obras y movimientos literarios. Con el tono más exaltado del pathos romántico, la historia de Félix de Montemar expresa una idea semejante, cuando el protagonista, tras perseguir ansiosamente a una bellísima mujer, descubre, al abrazarla, que no es otra cosa que la muerte mesada.
             Posiblemente no habrá sido una impresión muy desemejante a la de Montemar, la de abrazar la muerte cuando creían estrechar en sus brazos un ideal, la que habrán sentido los militantes socialistas de Madrid o el socialista xixonés don Fernando Huarte, al descubrir lo que de verdad se oculta tras la máscara de la alianza de civilizaciones con que el Presidente Zapatero permanentemente nos sermobobea y a cuyo reclamo de rama dorada salvadora de la humanidad corren sus secuaces.
Aunque precedentes literarios tan eximios quizás sean demasiado para ejemplificar la distancia que media entre el ideal sopelexáu por la logomaquia de la “alianza de civilizaciones” y la inane realidad que tras ella se oculta. Tal vez sobraría, al respecto, para señalar la distancia entre la realidad y el deseo en la troquelación zapateril, con las palabras con que Lord Chesterfield, advertía a su hijo de cuál era la verdad del sexo, frente a su soñada potencialidad de placer indesmayable: “El placer, momentáneo; el costo, descomunal; la postura, ridícula”.
Quizás los socialistas xixoneses y madrileños empiecen ahora a pensar, tras las recientes experiencias, que las palabras de Lord Chesterfield, más que amonestar sobre el sexo, estaban destinadas a avisar sobre los hueros contenidos reales del cañu doráu zapaterín.

áloes (y 3)

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La Miñota, Morís, el 10/02/19.



Los primeros xacintos

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El 10/12/19. La Miñota, Morís, Güerres.





Los homes enamorábense de Xacintu. El primeru fue Tamiris, un cantor, al qu'otru amante de Xacintu, el dios Apolu, dexó ensin voz, vista nin memoria. Céfiru, el dios vientu, celosu d'Apolu, un día en qu'esti taba enseñando a Xacintu a tirar el discu, disvió'l discu y fízolu estrellase contra la cabeza de Xacintu. De la sangre derramao desurdió una flor, el xacintu (Hyacinthus spp., de la familia de les Liliaceae).

El primer narcisu

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El 10/02/2019


Narcisu, Narcissus, de la familia de les Amaryllidaceae. El so nome tómalu d'un personaxe de la mitoloxía griega, Narcisu (non confundir con Narciso Bello, el del patu Donald), que yera tan guapu que nun aceptaba los amores que-y ofrecíen (yera "desairista", según d'algunes versiones del corridu de Rosita Alvírez, que la mataren por "desairista", por nun querer baillar col que la mató). Pues bien, Narcisu "desairó" a la ninfa Eco, que lu prentendía, y por eso Némesis (la diosa la venganza) condenólu a contemplase permanentemente nel agua una fonte, hasta que, pa vese más, acabó afogándose nella. Nesi llugar, nació, na so memoria, una flor, el narcisu.

Áloes (1)

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En La Miñota, el 09/02/19.


Güei, en LNE.es: Especiales, sí somos

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(Trescribo los primeros párrafos)

L'aprecederu

Peculiares, sí somos

La contradicción entre el proclamar y el ser

11.02.2019 | 01:14
En los últimos meses los asturianos venimos confesando al CIS que somos los más "rebecos" de España o, en otros términos, "los más apolíticos y abstencionistas de España", citando un titular al respecto de LA NUEVA ESPAÑA. En concreto, somos quienes estaríamos más dispuestos a no votar en unas próximas generales, duplicando la media del país; los segundos en manifestar que no tenemos ningún partido "próximo" a nuestro pensar o sentir; la mayoría de los encuestados sostiene que de todos los posibles aspirantes a presidente no quiere a ninguno; nada menos que un 34,7% de los encuestados se manifiesta como "apolítico".
¿Y cómo se compadece eso con que, a la hora de la realidad, votemos en número semejante a como lo hacen en otras regiones? Es más, ¿cómo es posible que quienes han votado al PSOE en las elecciones generales sean quienes peor valoren a Pedro Sánchez?
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Los Picos: sofistería y transubstanciación

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(Asoleyóse en La Nueva España del 05/02/2019


LOS PICOS: SOFISTERÍA Y TRANSUBSTANCIACIÓN

Ya conocen ustedes el argumento disociativo de esa Aristóteles del pensamiento filosófico, doña Carmen Calvo (aquella de «el dinero público no es de nadie»): lo que dijo don Pedro Sánchez en la oposición a propósito del golpe de Estado en Cataluña no ha sido dicho por Pedro Sánchez, puesto que, como presidente del Gobierno, ya no es el mismo Pedro Sánchez. Es decir, que una misma denominación, Pedro Sánchez, puede encerrar en sí dos personas distintas en distintos momentos, una auténtica disociación o, por ser más precisos, una auténtica transubstanciación.
No hace falta que les recuerde la larga serie de disparates, de auténticos arbitrismos, que arrancaron desde la ampliación del Parque Nacional de Covadonga hasta hoy: la ignorancia de la Constitución y de la existencia de tres comunidades autónomas con competencia sobre el territorio; el empeño en hacer pasar bajo las horcas caudinas de la administración ecologista a las poblaciones que viven en el territorio «protegido» y algunas de sus actividades.
Desde el primer momento, pues, el parque ha traído problemas, marchas atrás legales e incomodidades e impedimentos para habitantes y ganaderos. Olvidando aquella máxima evangélica de que «no se hizo el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre», administraciones y administradores se han olvidado de lo fundamental: los paisanos, los ciudadanos. «No penséis que el parque es vuestro, han dicho a sus habitantes: es nuestro» Esa frase real, la mentalidad que ella encierra, ha sido la que ha guiado el regimiento del territorio.
A finales del año pasado se presentó el borrador del Plan Rector de Uso y Gestión de los Picos de Europa. Desde el primer minuto no han parado de aparecer críticas al mismo. De los ganaderos y queseros del puertu, por supuesto, pero también de los montañeros y de los científicos. Aquí, en LA NUEVA ESPAÑA, han aparecido artículos de amantes de la montaña, como los de Juan Rionda o Francisco Ballesteros Villar, denunciando la falta de sentido de algunas prohibiciones de tránsito, y, sobre todo, las muy recientes de cinco geólogos y biólogos que parecen evidenciar el desconocimiento o chapuza —eso sí, siempre con voluntad de prohibir— con que se ha redactado el PRUG: protección de plantas que no existen en los Picos y desconocimiento de otras que son endémicas y tienen un alto grado de amenaza; hábitats que no tienen presencia aquí, aunque sí, por ejemplo, en los Pirineos; y otros etcéteras que suponen o falta de estudio o corta y pega de otros planes.
Lo curioso de todo ello ha sido la reacción del Gobierno asturiano y de los responsables del área. No han dicho que sea incorrecto lo afirmado por unos y otros, sino que no deberían opinar sobre un documento que no existe porque no es oficial («opinan sobre un documento que oficialmente no existe», «en realidad, el PRUG aún no existe, pues sólo hay un borrador») y que las opiniones sólo deberían emitirlas cuando el documento pasase de no documento (es decir, de su «inexistencia» actual) a documento (esto es, a su «existencia» futura, una vez en el Boletín). Una vez el documento transubstanciado, pues, ya sería visible y podría ser criticado.
La verdad, tal sofistería me ha hecho reír mucho. Me recuerda a aquellas sutiles disquisiciones escolásticas sobre si era uno quien conducía el gochu al mercado cuando lo llevaba amarrado de la cuerda o era la cuerda la que (o tal vez «quien») lo llevaba.
Lo que es notable es que el socialismo español y el asturiano se hayan convertido ahora a la metafísica argumentación de la transubstanciación como disculpa de sus actuaciones. Pura sofistería. Eso, sí, muy moderna. Tal vez influenciada por la física cuántica.

Güei, en LNE: "Esto me han vuelto mios enemigos malos"

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(Trescribo los primeros párrafos)

"Esto me han vuelto mios enemigos malos"

A propósito de Otín: la tendencia a igualar cortando las patas de quienes son más altos

La frase que el Cid pronuncia al salir de Burgos hacia el destierro. Ha sido lo primero que me ha venido a la mente al leer en LA NUEVA ESPAÑA del 29/1/2019 las palabras (muy meditadas y seguramente corregidas una y otra vez, téngase presente para evaluar el significado pleno de lo que dice) con que Carlos López Otín contesta por escrito a las preguntas del periódico acerca de las murmuraciones en torno a su persona, a propósito de algunos errores, que parecen de detalles en elementos adyacentes, en publicaciones suyas, de hace tiempo la mayoría. No porque yo pretenda comparar a don Carlos con el Campeador, que se ofendería, sino porque en esta historia hay algunos de los mismos procedimientos y causas con los que "los malos mestureros" consiguieron que se mandase al exilio a Ruy Díaz de Vivar.
Pero permítanme que antes de nada señale lo que más me interesa de esas declaraciones del señor Otín, el profundo patetismo que ponen de manifiesto. En primer lugar, el daño que ha padecido: "desde hace año y medio la situación de acoso se volvió insoportable", "pensaba que tenía la mente más fuerte del mundo, sin embargo, un día de primeros de junio esa mente se quebró en pedazos", "perdí mi propósito vital, dejó de interesarme todo aquello por lo que había dado mi vida, e incluso asumí que mi propia vida carecía de sentido". Hubo de recibir asistencia médica y guardar un retiro absoluto, para volver a cumplir sus compromisos. Es revelador que, para subrayar la intensidad y crueldad de ese acoso, haya hecho referencia a que otros científicos sometidos a un cerco semejante se hayan suicidado, abandonado carreras muy brillantes y prometedoras o vivido largos ingresos en centros psiquiátricos. [.................................................................................]

Una entrega nueva d'Asturianos Ilustres (periodistes)

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Del Blog de Feliciano Robles Blanco



https://ilustresasturianos.blogspot.com/search/label/Periodistas

Áloes (2)

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El 10/02/19. Morís, Güerres.



¡Esi preciosu color bermeyu de les sos flores!


Bochornu/chornu

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Completando la definición de bochornu/chornu:


bochornu, m. Atmósfera calurosa y muy húmeda, que produce un efecto sofocante.Frecuentemente,  presagia tormenta. || 2. Viento sur o suroeste. || 3. Temperatura más alta de la de días precedentes que acompaña al viento sur o suroeste. || 4. Calor sofocante procedente de un fuego. || 5. Sofoco, vergüenza que asciende al rostro.



chornu, m. Atmósfera calurosa y muy húmeda, que produce un efecto sofocante.Frecuentemente,  presagia tormenta. || 2. Viento sur o suroeste. || 3. Temperatura más alta de la de días precedentes que acompaña al viento sur o suroeste. || 4. Calor sofocante procedente de un fuego. || 5. Sofoco, vergüenza que asciende al rostro.





Errejón y el muru de Berlín

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Fai tres meses, nel mes de payares del añu pasáu, Errejón defendía la política venezolana, negando qu'hubiese fame o desabastecimientu (o que faltasen perres a una parte importante la población pa poder comprar) y argumentaba que la xente "fae tres comides al día".

Básicamente venía repetir los argumentos qu'esponía nel 2013 (yera entós asesor del gobiernu venezolanu, y cobraba por ello, supongo) cuando-y entrugaben que por qué había coles en Venezuela si les coses diben tan bien como él decía. Y argumentaba:

"Hay más dinero disponible", hay "una democratización del acceso al consumo. Ahora la gente puede consumir más".

"Las personas salen a la calle y se ponen en cola porque ven a otra gente que está esperando, porque algo hay. Tiene mucho que ver con el uso de la calle y con la relación directa, interpersonal, que es algo muy venezolano".

A mi eses palabres recuérdenme l'argumentu que con tanta fe esponíen los comunistes españoles munchos años entovía dempués de la construcción del muru de Berlín (argumentu que, per otru llau, venía na propaganda que-yos mandaben les revistes "informatives" de la URSS y de lo que repetía la Pirenaica): que'l muru nun se construyera pa evitar qu'escapasen los alemanes de la Alemania oriental hacia la occidental, sinón pa que nun se pasasen multitudes de l'Alemania occidental a la oriental, por naguar polo bien qu'ellí se vivía.

Equí solo caben tres desplicaciones: 1) Creen lo que dicen, que ye posible, y entós la so intelixencia ye mui escasa y/o la so fe, como toles fes, mui ciega -yá se sabe que "fe" ye nun creer lo que vemos-). 2) Creen que los demás, o polo menos los suyos, son tochinos o que, nel casu de los suyos, sobre la mayor o menor intelixencia, tán enfotaos na so fe. 3) Un amiestu de too ello, más el cálculu, por esperiencia, de que toos esos cuentos acaben funcionando, suxeten a los suyos y tienen un rendimientu electoral valoratible.

¡Ah, por ciertu! A Errejón tienlu parte la prensa de dereches como un home intelixente y moderáu, casi un socialdemócrata d'orden y de misa diaria. Amén.


Prunos/cagarriones, n'El Piles

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De les dos Prunus cerasifera atropurpurea o Prunus Pisardii del institutu El Piles, Llevo delles años siguiéndoles. Mándame les semeyes el mio collaciu de Departamentu José Luis Fernández. La primer semeya ye de güei, a les ocho la mañana, el 05/02/19, son les primeres flores del añu. La segunda son les primeres flores de 2017, del 03/02/17. Como se ve, florecieren al mesmu tiempu. La tercer semeya ye del 15/02/2017: yá se ve qué rápido espolleta la floración.



¿Quiénes somos los asturianos?

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¿Quiénes somos los asturianos?

02.12.2007 | 01:00
¿Quiénes somos los asturianos?
Illustrantque terras ante ignobiles

En uno de mis artículos, «La Asturies misteriosa y enigmática», desarrollaba yo el concepto de que una de las componentes más llamativas de eso que llamamos Asturies es precisamente el desconocimiento que sobre ella tenemos, el misterio que envuelve muchos de nuestros parámetros constitutivos. No sabemos, por ejemplo, quién era Pelayo ni su origen; desconocemos qué significa el nombre de nuestras principales ciudades, y aun el mismo de nuestra nación; ignoramos por qué la vecería de cargazón se produce en los años impares y no en los pares. ¿Qué era el zytho que, según Estrabón, bebían nuestros antepasados? ¿De existir, fue Covadonga una engarradiella o una gran batalla? ¿Cómo es posible que en un país en el que los jóvenes han de emigrar en busca de empleo y en el que a las mujeres les es muy difícil acceder al mundo del trabajo; en una tierra en la que los salarios de los jóvenes son menores que en el entorno; donde desde hace más de veinticinco años venimos viendo decaer nuestra economía y población, disminuir nuestras rentas en relación con los vecinos, menguar nuestro crecimiento, retrasarse nuestras obras públicas hasta límites intolerables; cómo es posible, decimos, que, con esa catástrofe reiterada durante casi treinta años, los ciudadanos acudan con entusiasmo impenitente a las urnas para volver a poner al frente de nuestro país a los mismos incompetentes responsables de nuestro daño? ¿Es de razón que una ciudad, Xixón, y un pueblo, el nuestro, dediquen una estatua como civilizador a quien vino hace veintiún siglos, César Augusto, a crucificar prisioneros o cortarles las manos, a violar mujeres y jovencitos, a llevarse el oro del subsuelo, según nos acaba de recordar en estas mismas páginas de La Nueva España Milio Rodríguez Cueto, con su magnífico relato «Statuam meam ponetis»? Tal como afirmaba Churchill de la Rusia de Stalin: «Un misterio envuelto en un enigma».
Desafectos a España
Recientemente, además, un estudio demoscópico de la Fundación Bertelsmann ha venido a resaltar otra de esas inconmensurables simas de incertidumbre que constituyen nuestro ser. Lo que dice el trabajo es que los asturianos somos los más desafectos a España, junto con Galicia, Euskadi, Cataluña y Canarias, y, al mismo tiempo, somos los que menos nos identificamos con Europa. ¿Novedad? No. El 2 de marzo de 1995, a propósito de un estudio del CIS, publicaba -a medias con Sixto Cortina- en este periódico un artículo titulado «Los asturianos: más nacionalistas que nadie», donde se repasaban todas las encuestas de SADEI y del CIS desde el advenimiento de la democracia y se constataba que, en cabeza del sentimiento particularista en el Estado, los asturianos se sentían «cada vez más nacionalistas» (39%), exigían «poder ejercer el derecho de autodeterminación» (37,5%), «querían tener representantes propios ante Europa -y no de partidos estatales-» (61%), pensaban que el Gobierno autónomo «estaba subordinado al central» (35%), etcétera. Es decir, desde siempre: escasamente españoles, mínimamente europeos, casi sólo asturianos.

¿Es ello compatible con una población que vota en cerca de un 95% a los partidos centralistas -y del más rancio centralismo- y reserva apenas un 3 o un 4 por ciento a los partidos asturianistas? ¿Que entrega su sufragio a quienes apoyan estatutos claramente discriminatorios para los asturianos y tiran de las riendas para contener la carrera del nuestro?

Pero olvídense de ello si creen que estos argumentos, más allá de la verdad y la evidencia, constituyen conclusiones pro domo mea. Formúlenlo de otra manera: ¿cómo casan esas declaraciones con la práctica inexistencia de opinión pública, esto es, con una opinión que es capaz de conmoverse y movilizarse por las cuestiones no asturianas (desde el Estatuto catalán al «Prestige») y es incapaz de hacerlo por nuestros intereses políticos o contra la contaminación que arroja, por ejemplo, la mitad de las inmundicias de Xixón a la mar sin depurar? ¿De qué modo se compaginan con la absoluta falta de información que tienen nuestra población adulta y nuestros escolares -los invito a comprobarlo, si no me creen- sobre todo lo atingente a Asturies, desde cuál es el concejo inmediato al de cada uno hasta el desconocimiento de que hubo un Reino de Asturias y una larga serie de reyes asturianos? ¿Habrá forma de cohonestar esas declaraciones con la absoluta indiferencia con que se ve el maltrato y desatención hacia nuestras señas de identidad: desde la lengua a la literatura, pasando por cosas que levantan menos pasiones, como la protección de los hórreos? ¿Podrán acompangase con el desprecio que una gran parte de la población siente hacia el canto asturiano, la lengua o la cultura propia en general? ¿Con el encogimiento de hombros con que se aceptan las políticas de minusvaloración y menosprecio hacia ello por parte de los sucesivos gobiernos y los diversos ayuntamientos? ¿Conocen ustedes algún chigre donde poniendo en la televisión el Barcelona o el Madrid los parroquianos prefieran ver al Sporting o al Oviedo? ¿Cuántos barcelonistas o madridistas hay en Asturies, incluida la juventud; cuántos sportinguistas u oviedistas? ¡Para qué seguir?

La cuestión es entonces la de qué significan todas esas declaraciones de irredentismo. ¿Saben lo que dicen quienes las dicen? ¿Las dicen precisamente para hacerse perdonar lo que hacen? ¿Se mienten a sí mismos o sólo pretenden mentir al encuestador? ¿Que el que lo que digan no tenga nada que ver con lo que hagan les provoca algún malestar o mala conciencia? ¿Sufrimos los asturianos un padecimiento de escisión mental, tal vez de origen genético, semejante al que nos hace tener un segmento de población con hipercolesterolemia hereditaria? ¿Poseerá, acaso, su verdad el viejo dicho: asturianu, llocu, vanu y mal cristianu: o vota al que nun-y presta o engaña al que lu encuesta, o les dos coses a un tramu? Podríamos multiplicar esos interrogantes. En cualquier caso, sobre el evidente misterio de nuestro ser colectivo, no me dirán ustedes que no somos un tanto extravagantes. Por decirlo de una forma caritativa, claro.
Tierra desconocida
En el año 10 después de Cristo, Cneo Calpurnio Pisón dedicó a César Augusto (el conquistador y esclavizador) un monumento, las «Aras Sestianas», posiblemente en la xixonesa Campa Torres. De la lápida votiva se quitó después el nombre del dedicante, probablemente, se dice, por una damnatio memoriae, esto es, porque hubiese caído en desgracia. De esas torres o «Aras Sestianas», por cierto, decía el cosmógrafo Pomponio Mela las palabras latinas que arriba se inscriben: «Y dan lustre a tierras antes desconocidas».

Es posible que Asturies, nuestra tierra, sea conocida fuera, aunque yo lo dudo, porque no hay más que esperar a los premios «Príncipe de Asturias» para observar cómo los cronistas profesionales que nos vienen a visitar dicen «sidriña» o «gaiteiros», lo que más bien parece indicar una olímpica ignorancia. Pero, en todo caso, lo innegable es que ni nuestra tierra es conocida para los asturianos, ni lo que son o sean los propios asturianos es otra cosa que un mare tenebrosum en el que ni podemos distinguir lo inmediato ni vislumbrar lo lejano.

Así que es posible que, en realidad, la razón por la que se borró el nombre del dedicante en las «Aras» no hubiera sido la de la persecución por razones políticas -la causa habitual de una damnatio memoriae-. Tracemos otra conjetura. Supongamos que hubiera él presumido (y las palabras de Mela no serían sino una transcripción de su pomposa jactancia) de haber contribuido con su monumento a volver visible lo invisible, conocido lo ignoto, desentrañado lo que en las entrañas de la oscuridad se celaba.

Habrían dado rápidamente sus contemporáneos en la evidencia de que, por más que presumiese de ello, nada había capaz de convertir en diáfanas aquellas tierras y gentes, de desvelar el misterio encriptado en un enigma que representa el qué somos los asturianos.

Y por su escasa capacidad profética, por no dar ni una, por ser transparente que de lo inefable nada se puede decir ni saber (como bien diría siglos más tarde Ludwig Wittgenstein), lo habrían reducido al silencio de forma inmediata sus coetáneos.

Ayer, en LNE: Diluvios de agua, argayos de lenguas

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(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos)

L'aprecederu

Diluvios de aguas, argayos de lengua


No hace falta que diga nada: argayos, carreteras y huertas inundadas, cultivos arrasados, colegios cerrados, hospitales con problemas? Hasta cierto punto, la cosa es inevitable en muchos lugares: los valles asturianos tienen escasa extensión y en ellos conviven el ferrocarril, las carreteras, los pueblos y un río de estrecho cauce. A medida que crecemos, ocupamos las vegas. Hasta cierto punto, digo. Porque hay en ello culpas de imprevisión y de falta de mantenimiento por parte de las Administraciones. Y seguramente la más culpada, la Confederación Hidrográfica, es la más culpable, por limpiar poco y por dificultarlo a los particulares.
Entre las cosas que se han dicho estas fechas, hay algunas que causan sorpresa, como el anuncio de científicos universitarios de que, si seguía lloviendo, habría "más argayos por toda la región". ¡Menuda profecía!
Me he acordado estos días de un suceso de 1586. Septiembre cumplió con la segunda parte del refrán y "llevó les pontes" de media Asturies. En Llangréu, una mujer hubo de subirse a un ablanu con su hijo de cuello, y allí estuvieron durante dos días, sin saber qué sería de ellos. Lo recordaba yo en un pregón en 2003 en Bimenes (por cierto, ¡vaya desastre allí con el temporal!) y me preguntaba en qué variedad dialectal rezaría aquella madre angustiada a la Virgen de Covadonga. ¿Diría, por ejemplo, "hermenu" o "hermanu"? En todo caso, rezaría y pensaría en asturiano, no en castellano.
Y, al meditarlo, me acordé de que los enemigos del asturiano, para rechazar su uso o existencia, a la vista de los dialectos, suelen argumentar que cuál es el asturiano verdadero.
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¿Cuándo empezó a facese asina la política?

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Fálase mal de la política y los políticos, pero nun ye d'agora, como se suel pensar., ye de siempre. Y esi pasar el día falando pa conseguir titulares, ¿cuándo entamó?

Esto ye lo que diz Josep Pla el 12 de febrero de 1935:

"No creo que nunca, en la historia de este país, se haya visto una explosión de verborrea semejante a la que estas últimas semanas hemos presenciado" [...] La cuestión, en España, es siempre la misma. [...] La familiaridad entre los políticos y los encargados de dar publicidad a sus actos se debió de perder aproximadamente en la noche de los tiempos. Los cuatro evangelistas, por ejemplo, fueron cuatro periodistas formidables. Pero, en este país, la familiaridad escandalosa entre políticos y periodistas la creó Canalejas. [...] Canalejas fue el primer político español en organizar el corro, o sea, el derecho que tienen cada día, o casi cada día, los periodistas de Madrid a interrogar al jefe del Gobierno en algún momento del día. 

[...] Lo cierto es que estamos presenciando lo que no se había visto jamás. Todo el mundo tiene derecho a pedir a un político, a un ministro, a un presidente del Consejo, las cosas más absurdas, más alejadas de la jerarquía, más graves, más insignificantes. Esto está envenenado las cuestiones, los problemas, las situaciones más claras.

[...] Es muy difícil saber si esto puede cambiarse. Probablemente, no hay nada que hacer. Se trata de un mal intrínseco; para declararlo en tres palabras vulgares: es un mal de la propia bestia. La gente quiere ser simpática. Hacer declaraciones [...]. Los periodistas producen una especie de miedo instintivo. Se le da una palmada en el hombro. Gobernar quiere decir esto: dar palmadas en los hombros, abrazar a la gente, hacer con los brazos esas incrustaciones que se le hace a la gente". 




Esta maravia d'una canción antigua

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D'ésitu nel pasáu. Recuéyela Torner nel so Cancioneru col númeru 448. Entama "Ya no hay  amor imposible" y termina: 

Dame el fuego de tus ojos, y la luz de tus miradas, que siento frío en el cuerpo y oscuridad en el alma.


Un tragaluz para la memoria

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Ayer celebrábense los 25 años de l'apaición de La Nueva España de Xixón, el 1 de febreru de 1994 (fecha, por ciertu, del mio cumpleaños). Con motivu talu, el periódicu sacó un cartafueyu extraordinariu con artículos de 25 "ilustres" -diz el director"- de la ciudá. Ehí ta'l míu, que ye memoria d'esti cuartu sieglu).


UN TRAGALUZ PARA LA MEMORIA

               En El tragaluz, la obra de Buero Vallejo, un hombre y una mujer del futuro nos hacen ver acontecimientos y personas del presente por medio de una máquina que es capaz de reconstituir personas, palabras y acciones del pasado. El 1 de febrero de 1994 brotaba la edición xixonesa de LA NUEVA ESPAÑA. De forma similar a aquel mecanismo de El tragaluz, los archivos de este periódico pueden servir para recomponer la memoria pública de estos veinticinco años. Acaso la única dificultad consista en seleccionar los objetos sobre los que vamos a centrar nuestra mirada.
               La ciudad ha sufrido radicales transformaciones, las principales en el empleo y la pirámide de la población. En cierta ocasión manifesté en este diario que Xixón había pasado «del mono al chándal». Y es ello patente si recorremos cualquiera de nuestras calles o paseos. Implica tal cosa más paro y una muy disminuida actividad fabril, pero también indica que no tenemos el ojo acostumbrado a mirar los nuevos empleos —los que se producen en los servicios y los que proliferan en el ámbito de las TIC— ni a ver los nuevos lugares de trabajo:  los polígonos y los parques tecnológicos en la periferia de la ciudad. Es reflejo, asimismo, de la diferente estructura de la población: las abundantes cohortes de gentes en edad de trabajar o en espera de hacerlo han menguado y han crecido exponencialmente las de jubilados.
               No sólo han mudado el trabajo y la tipología de nuestros coterráneos, lo han hecho, convirtiéndose en más amables, las calles y plazas de nuestra ciudad: ha desaparecido el barro, mejorado las aceras y el asfalto, pero, sobre todo, han aparecido fantásticos espacios para el recreo o el ejercicio de los ciudadanos: se ampliaron Los Pericones, se completó la circunvalación de l’Atalaya, se inauguraron El Lauredal y San Lorenzo y se abrieron otros espacios verdes menores —por el contrario, Isabel la Católica se ha venido empequeñeciendo y deteriorando poco a poco—. Reconquistamos parte de la fachada marítima y dispusimos de nuevos o remocicados arenales en El Natahoyo y La Calzada.
               Escuelas, institutos y recintos universitarios se han multiplicado. Junto a los museos pictóricos, renovados muchos de ellos, se han abierto otros que los de pintura: el del Ferrocarril, el de las Termas del Campo Valdés, el de Veranes, el Centro de Arte y Creación Industrial. El Botánico ha supuesto la ampliación de los espacios públicos y la puesta en marcha de un «museo» de una vitalidad excepcional. El Pueblu d’Asturies, por su parte, se ha remocicado y reinventado de forma continua.
               Importantes iniciativas nos han permitido asomarnos al pozo de nuestro pasado y (re)descubrirnos: nos hemos visto en la Roma tardía con la muralla, en la ante-Roma con la Campa Torres de las Aras, y hemos aprendido, ¡mira por dónde!, que nuestros antepasados eran metalúrgicos, esto es, «cilúrnigos». 
               Los espacios para el ocio y el deporte han proliferado: las múltiples sendas rurales para peatones y las urbanas para bicicletas; El Kilometrín, los campos de golf de La Llorea y El Tragamón.
               No todas las remodelaciones urbanas han sido, a nuestro entender, exitosas. Begoña, El Muro, la calle Corrida, por ejemplo, no son muestras de la mejor estética. El entorno del Sanatorio Marítimo y del este de la playa esperan hace décadas «la mano piadosa que sepa arrancarles» una solución.
               En el plano industrial son muy discutibles las cuantiosas inversiones de El Musel y la Zalia, y no sabemos si algún día darán fruto. Algunos polígonos tienen comunicaciones o servicios ineficientes o inexistentes. El nuevo espigón del puerto afeará San Lorenzo para siempre. La depuración y saneamiento del concejo (pactado en 1991 un plan para su conclusión en 1995 por los señores Areces, Borrell y Silva) sigue incompleto para la mitad de la ciudad. Las disputas políticas consuetudinarias, los «listos» de la ciudad y la coyuntura han arrumbado de momento el metrotrén, derribado sin utilidad una estación en el centro y colocado otra en mitad de la autopista Y.
               Probablemente los cambios más importantes de la ciudad han ocurrido no en el campo del urbanismo o los equipamientos, sino en el de la visión del mundo y de las formas de relacionarse de los individuos. Uno de las más notables mudanzas la han provocado los tanatorios. Gracias a ellos, los gijoneses hemos abandonado los domicilios para efectuar velatorios y condolencias, que han pasado a convertirse en algo más llevadero y menos agobiante, en lo posible, para deudos y amigos. Al tiempo, ello ha permitido alejarse de la obligación de los templos a algunos de los muchos ciudadanos y familias que lo han hecho de la religión. (Y no lo olvidemos, se ha abierto un nuevo futuro cementerio general, en Deva).
               Tanto el protagonista senil de El Tragaluz como la pareja del futuro están empeñados en salvar cada hombre y cada memoria de la historia de la humanidad, «cada árbol individuado del gran bosque». En cada uno de los hoy vivos resiste en forma de memoria la historia de aquellos familiares y amigos que se han marchado; pero también el recuerdo de aquellos lugares o establecimientos—rincones de la ciudad, librerías, discotecas, cines, tiendas, chigres, sidrerías, restaurantes— que han desaparecido a lo largo de este cuarto de siglo. Ahí, en cada uno de ustedes, se atesoran y conservan las imágenes, inaprehensibles, de las cosas y los individuos ya inexistentes, que se mantendrán vivos mientras ustedes los guarden.
                                                                                                               
               Xuan Xosé Sánchez Vicente