Güei, en LNE: Carreteras, sendas y pasta

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                                     L’APRECEDERU

                    


                       CARRETERAS, SENDAS Y PASTA

                Informa la Asociación Española de la Carretera que las calzadas asturianas son las más deterioradas de toda España, cuyas vías circulatorias, a su vez,  se encuentran entre las peor conservadas de Europa. En concreto, el documento  sitúa a la región a la cola en estado del firme, señalización horizontal, balizamiento y barreras de seguridad. La asociación calcula que se necesitarían obras por valor de 346 millones.

                En realidad, no es necesario que nadie venga a señalar el estado calamitoso de muchas de nuestras carreteras. De vez en cuando, “me entretengo” coleccionando las denuncias que, día sí, día no, recoge LA NUEVA ESPAÑA de los vecinos de todos los puntos cardinales de nuestro país y, créanme, ocupan muchos bits los titulares y las imágenes de los vecinos señalando defectos o recordando que llevan quinquenios quejándose sin que la reparación “ni esté ni se la espere”. Del mismo modo, cualquier conductor de vías secundarias conoce en su suspensión los baches y en su sistema de alerta los estrechamientos de las carreteras por la falta de limpieza durante muchos meses.

Como para nuestros deteriorados paseos y sendas peatonales de las vacas gordas: no hay pasta.

                Las propuestas “realistas” que se barajan para solventar el problema de la financiación son las de cobrar al coche por el uso de las carreteras. Es decir, a todos sus impuestos, desde su compra hasta su achatarramiento, pasando por el combustible que consume cada vez que se mueve, se le quiere añadir ahora uno más. Y todo ello, cuando existe una verdadera manía persecutoria contra el coche en la mayoría de las ciudades: usted pague aunque no se mueva, y, si se mueve, más leña. Eso sí, compre coche nuevo para mantener los empleos y el medioambiente.

                Al respecto, no me extrañaría que la desaparición de Santiaguín, el oso, la haya provocado la toma de conciencia del plantígrado del peligro de nuestras carreteras.

Ayer, en LNE: Un nuevo repaso a nuestros cantos

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                               UN NUEVO REPASO A NUESTROS CANTOS

La guapura de música y letra de algunas de nuestras canciones, su emoción incluso, no puede hacernos pasar por alto las incoherencias de algunas de sus letras, tal la de ese xilguerín parleru que, interrogado sobre su alimento, afirma comer “arenines del mar, del campu flores”. Como, por otro lado, la mayoría de las canciones populares constan, en realidad, de una sola estrofa de cuatro versos –son una especie de relámpago luminoso que se abre y cierra en un instante dentro de la oscuridad de la noche– y luego, para dar más cuerpo al cantar, el ejecutor añade otra cuarteta o más, no es infrecuente la falta de coherencia entre una y otra. Así, bruscamente, el xilguerín desaparece, y el emisor se dirige a un tú femenino: “Tienes unos güeyos negros, y unes pistañes…”. Por no hablar ya de los siguientes versos de la versión hoy más común, los de “Tengo dir a Covadonga cola mio moza en septiembre…”.

Ahora bien, la incongruencia más famosa es la que articula nuestro “Asturias, patria (o “tierra”, que antes se decía) querida”, cuya segunda parte introduce a un yo enamorado y testón que quiere subir a un árbol a por una flor (¡flores de árbol para regalo?) para que su moza, velis nolis, la cuelgue en su balcón. Por cierto, debe ser el aire del norte el que suscita esos absurdos, porque he aquí que en la popularísima “Viento del norte” de Nando Agüeros, el emisor quiere saltar “de la rama de un roble”. ¡Ya me dirán el capricho! Salvo claro que el compositor esté “al duro banco del consonante preso” a fin de rimar “norte” y “roble”.

Si en una anterior ocasión (https://afondo.lne.es/opinion/quien-canta-su-mal-espanta.html) señalábamos algunas piezas líricas de una excepcional calidad en nuestro repertorio clásico (que es muchas veces común con otras zonas del norte de España y con el antiguo territorio astur que se extiende por lo que hoy es Castilla), en el repertorio popular, lo que pudiéramos llamar “canciones de chigre”, no faltan tampoco; así la delicadísima “Como la flor, como la flor, que l’aire la lleva…” o la tristísima “Nun llores, né, que la vida es mui breve. Todo se pasa como una sombra leve”. Abundan más, sin embargo, las optimistas y de ritmo alegre, tal el “De colores, de colores se visten les flores ena primavera…”, “S’oye sonar una gaita, s’oye sonar un tambor”, “Si quies que baille contigo, na romería de San Andrés”, “No hai carretera ensin barru, nin prau que nun tenga yerba”.

Algunas establecen un diálogo entre el emisor y un personaje que responde, tal el “–Chalaneru, chalaneru, ¿qué lleves ena chalana? –Llevo roses y claveles y el corazón d’una xana”. O la burllesca de “El mio Xuan miróme, díxome: –galana, que guapina tas. Yo díxe-y: –Xuanucu, nun tengo contigo ganes de falar”. En otras, el diálogo del emisor no es más que una declaración que no requiere contestación: “Adiós con el corazón […], al despidime de ti, al despidime me muero”. Las habaneras y los aires cubanos forman parte también de ese acervo popularísimo, así “Cuando en la playa la bella Lola su larga cola luciendo va”, o el “Soi de Verdiciu” de Marcos del Torniello.

Lo marinero es también común. Ejemplos: la comprensiva y tolerante “Los marineros del Jaime son todos buenos muchachos, solo tienen un defecto, aúpa, que son un poco borrechos”, “Salió de Jamaica, rumbo a Nueva York”, “A la mar fui por naranjas”, “Cada vez que me veo rodeado de mar” (ya hemos dicho que parte de nuestro folklore es solo nuestro en cuanto lo hacemos tal).

En otra ocasión hemos señalado el humor y la ironía como componentes fundamentales de algunas composiciones (por ejemplo, el “Ramonzón de la panera”). Alguna muestra hemos citado arriba, el “Soi de Verdiciu”, por ejemplo. Hay muchas más: “Yo col quirosanu nun quiero baillar”, “Confesé con un cura, qué buenu yera”, “D’equí a Somió ye too de mio, de Somió acá too ye de mio pá; mira qué suerte vas a tener, cuando me tengas a mí de muyer”…

No podemos cerrar este breve repaso sin tres citas popularísimas. Dos canciones de mina, ante todo: “Santa Bárbara bendita”, casi un himno, y “La mina de La Camocha”, una preciosidad. La tercera es “La Capitana”. Lo notable de estas dos últimas es que son recientes, la última, la de Carlos Rubiera, recentísima. La de José León Delestal, uno de los impulsores de Amigos del Bable, y del maestro Casanova tiene más años.


Illustración de LA NUEVA ESPAÑA cola qu'ayer s'acompañaba l'artículu

Aye, en LNE: Don José da una lección a don Pablo

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                       DON JOSÉ DA UNA LECCIÓN A DON PABLO

                Don José Blanco, Pepiño, secretario general del PSOE, ministro, Savonarola de sospechosos, Beria de corruptos, McKarthy de imputados, el hombre que más rápido sacaba el revólver de la acusación contra la mínima sombra de sospecha en un adversario, se vio envuelto en una acusación de corrupción, a la ligera y por meros indicios, indicios como los con que él sambenitaba a sus rivales. Y fue entonces cuando saulizó y, Magdalena penitente, confesó sus culpas pasadas y reconoció que no se puede acusar o pedir la dimisión de nadie sin un juicio, y hasta anunció un libro sobre la materia.

                Contrasta la actitud reflexiva y arrepentida de don José sobre sus incendios pasados con la que ha tenido recientemente don Pablo en su efímera estancia en Asturias. Como saben, descubierto su alojamiento en L.lena, se produjeron algunas presiones o protestas contra su presencia, lo que ha provocado su rápida vuelta a Madrid y la queja por el acoso sufrido, especialmente porque sus hijos (de dos años los dos mayores, de uno la pequeña) estaban con ellos. Ahora bien, don Pablo, promotor en España junto con su partido de la práctica del acoso a los rivales, del griterío y el abucheo en la proximidad de sus personas o en las puertas de sus casas, no ha reflexionado sobre su conducta anterior –al modo en que don José hizo en su día–, arrepintiéndose e invitando a no acosar a nadie, sean tirios o troyanos: se ha limitado a quejarse de “su” acoso, especialmente en presencia de “sus” hijos.

                Tengo la impresión de que Iglesias, su mujer y su entorno han hinchado el perro de las amenazas para sacar partido de ello. Se ha hablado, por ejemplo, de pintadas, pero no hemos visto más que una. No existen, al parecer, denuncias de la escolta, aunque, sin duda, ha habido manifestantes e insultos vía internet. Pero no es esa la cuestión: los acosos y el emburriamientu personal son intolerables, háganse a Iglesias o a Abascal, sílbese a Sánchez o a Aznar.

                Pero el fondo de la cuestión es que tanto don Pablo como sus conmilitones se han reafirmado en su derecho a practicar ellos la presión física sobre sus rivales; estos sobre ellos, no. Y así, como rábulas o puntillosos sofistas, han establecido una diferencia entre “escraches”, aceptables y saludables, y “acosos”, intolerables. Un escrache es lo que se hacía, por ejemplo, a Cristina Cifuentes y sus hijos o a Soraya y los suyos; acoso lo que sufren doña Irene, su marido y sus vástagos. En una palabra, el acoso es lícito si los de su iglesia o bando lo realizan, ilícito si ellos lo padecen. Poco más que manifestar sobre estos tipos que ellos mismos no nos manifiesten sobre sí mismos con sus actos y sus palabras.

                Ello no quiere decir que no debamos calificar también a quienes presionaron o insultaron, ya físicamente ya en las redes. Transluce en muchos una insania y un odio enfermizos. Son gente que construye su identidad sobre el insulto y la manía. ¿Algo nuevo en la historia? No, sino que ahora las redes sociales nos los hacen visibles sin plaza pública, y de forma instantánea.

                Por otro lado, lamentar que ese odio, esa insania, esa intolerancia carguen también contra profesionales y establecimientos comerciales: el restaurante que sirvió comidas a los Irene-Montero recibió amenazas e insultos de la derecha; una frutería que fue confundida por coincidir su nombre –la ignorancia, tantas veces compañera de la enfermedad del odio– con quien había difundido inicialmente el lugar de descanso de la pareja ministerial recibió miles de mensajes y llamadas con insultos y amenazas de los conmilitones progresistas. ¿Alguna diferencia entre el comportamiento predatorio de una y otra especie, salvo el pelaje con que se visten para justificar su conducta?

Mi empatía con esta gente y el deseo de que la ley pueda alcanzar a los faltosos que acosaron a las personas de estos establecimientos.

 



Ayer, en LNE: ¡Tanta memoria y nunca haber memoria!

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                                  L’APRECEDERU

                        ¡TANTA MEMORIA Y NUNCA HABER MEMORIA!

                El 9 de agosto publicaba LA NUEVA ESPAÑA un reportaje sobre la antigua Ciudad Residencial de Perlora, una especie de ciudad modelo destinada al veraneo de los proletarios en tiempos de Franco. Junto con playas y viviendas, disponía de múltiples servicios colectivos. Aquello se ha dejado arruinarse y apetece hoy, al verla, repetir las palabras de Rodrigo Caro: “Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora campos de soledad, mustio collado, fueron un tiempo Itálica famosa”.

                El concepto de Perlora era el mismo que ha puesto en marcha poblados como el de Llaranes, y es idéntico al que impulsa hoy el balneario de Ledesma del Montepío: la empresa, el sindicato o el Estado ponen a disposición de sus obreros, de sus afiliados o del proletariado determinados servicios gratis o a precios excepcionales.

                ¿Por qué se ha dejado caer Perlora? Pues, incompetencia aparte, por un prejuicio de fondo muy de la izquierda asturiana: Perlora olía a “franquismo”, y ese prejuicio enfermizo hizo que lo relacionado con ella fuese mal visto. El mismo tabú que impidió usar en plenitud durante tanto tiempo la Universidad Laboral y que tanto despilfarro y disparate supuso.

                (Pero igual estoy equivocado, y el velo sobre Perlora es para hacer olvidar que allí se produjo el “golpe” en el PCE que llevó a Areces y a tantos cientos de ex al poder y que hizo fructificar tantas carreras, algunas aún coleantes).

                Contrasta esta permanente y enfermiza “memoria histórica” con la desmemoria voluntaria sobre otros episodios de la época franquista. Por ejemplo, como nos recordaba este diario dos días después, cómo un claretiano español salvó en Francia la vida de 155 judíos falsificando sus documentos, o cómo en Hungría hizo otro tanto un diplomático, Ángel Sanz Briz, con miles de ellos.

                ¡Tanta memoria y nunca haber memoria! Ninguna en algunos casos, torcida en otros.

               PS. Reconocerán en el titular la mano de Lope de Vega.

Ayer, en La Nueva España

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                               APLICACIÓN Y LEGISLACIÓN, YA

                Algunos países disponen desde hace tiempo de un dispositivo que se instala en el móvil (aplicación) y que permite “fichar” quién ha estado en contacto o en las proximidades de una persona. De ese modo, cuando esa persona enferma se puede buscar a aquellos con quienes estuvo en proximidad, enviándoles una señal. El “rastreo” por el móvil es más eficaz y rápido que la pesquisa apelando a la memoria del contagiado y a la búsqueda de sus contactos por anuncios o de portal en portal.

                En España hemos tardado en disponer de ese dispositivo, aunque parece que está a punto, y lo hace por bluetooth, que deja la señal del teléfono pero no datos personales de su propietario. En cualquier caso, ha demostrado ya su eficacia en pruebas, pues localiza el doble de contactos de un individuo de lo que lo hacen los rastreadores personales. No obstante, todavía va a tardar algún tiempo en ponerse en marcha. Hay que salvar aún problemas administrativos, unificación de los protocolos de alerta y búsqueda, definición de quién pone en marcha la exploración de contactos y cómo, y, para más allá, la coordinación europea.

                En estos momentos la aplicación ya está disponible, tanto a nivel general como en algunas autonomías (en Asturies, por ejemplo), e incluso se halla ya instalada en muchos cientos de miles de teléfonos. Pero falta lo principal, el código que la autoridad sanitaria facilitará a quien dé positivo, a fin de que este lo introduzca en su móvil e, inmediatamente, salte a sus contactos (quien ha estado cerca de él a menos de 2 metros, durante 15 minutos en los últimos 15 días) para alertarlos. Sin que ese código esté disponible, es inútil disponer del dispositivo.

                De modo que urge solventar todas estas cuestiones con la máxima rapidez, ya. Y, por cierto, algunos móviles que tienen android como sistema operativo no pueden instalar la aplicación.

                Si este asunto parece ir por buen camino, la legislación relativa a las medidas que las Administraciones pueden tomar en relación con la prevención del Covid19 no van por tan buen camino. Después de la derogación del estado de alarma se ha demostrado que esa cuestión es el pandemónium de la pandemia. En efecto hemos visto cómo los decretos de aislamiento o de cierres horarios de establecimientos se efectúan sin que las autonomías tengan competencias indiscutibles para ello. Y, de ese modo, hemos asistido a espectáculos increíbles, como que hayan sido determinados jueces los que hayan decidido si se podía confinar un barrio u otro, una población u otra, en virtud de lo que ellos valorasen como riesgo mayor o menor, o que emitiesen dictámenes sobre el horario de cierre de los establecimientos basándose en el peligro que ellos estimaban que hubiese, y no en el criterio de las autoridades sanitarias. Ello, ya, sin entrar en las contradicciones entre unos tribunales y otros.

                Hace falta, pues, una legislación clara y precisa que señale de forma indubitable las competencias de las autonomías para decidir y, en su caso, sancionar, y, en la medida en que no sea posible, una ley estatal que abarque aquello que las comunidades no pueden jurídicamente estatuir, sin que para ello sea necesario declarar otra vez el estado de excepción generalizado que es el estado de alarma.

                Caben además otras consideraciones al respecto. El próximo mes empezará el curso escolar en toda España –que debe empezar por muchísimas razones, siempre he sostenido–. Inevitablemente, habrá contagios, aulas cerradas y escolares en cuarentena, es decir, en sus casas. ¿Existe legislación suficiente y clara para garantizar el puesto de trabajo y las prestaciones económicas de los padres que hayan de quedarse en el hogar? Temo que no.

                Por otro lado, sospecho que algunas de las decisiones que se han tomado en el Consejo Interterritorial de Salud celebrado esta viernes pasado no tendrán el suficiente respaldo jurídico para no ser controvertidas y discutidas en los tribunales.

                Que en todo este tiempo, después del levantamiento del estado de alarma –y aun durante él–, no se hayan puesto ni desde el Congreso ni desde el Gobierno, ni desde las autonomías, a ello, es un escándalo tan solo comparable al de la imperturbabilidad con que se sigue contemplando la plaga de los robos temporales de viviendas (eso que se llama “ocupación”) y la inacción legislativa correspondiente (y, acaso, la mansedumbre de la gente y las tragaderas de los adictos a ciertas iglesias).

 

                               Xuan Xosé Sánchez Vicente

Güei, en La Nueva España

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Aplicación y legislación, ya

El increíble espectáculo de que sean los jueces quienes determinen las poblaciones a confinar

15.08.2020 | 23:42

Algunos países disponen desde hace tiempo de un dispositivo que se instala en el móvil (aplicación) y que permite "fichar" quién ha estado en contacto o en las proximidades de una persona. De ese modo, cuando esa persona enferma se puede buscar a aquellos con quienes estuvo en proximidad, enviándoles una señal. El "rastreo" por el móvil es más eficaz y rápido que la pesquisa apelando a la memoria del contagiado y a la búsqueda de sus contactos por anuncios o de portal en portal...

Contra Vega de Seona, un migayín

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 Javier Vega de Seoane y Azapilicueta ye un empresariu estimable y estimáu. La Nueva España publica güei, llunes, 13 d'agostu una entrevista con él.

Na entrevista, cómo non, vine a metese col asturianu, a propósitu de pedir que tolos ñeños deberíen deprender inglés, como elementu imprescindible pal so ésitu y pal ésitu del país. Y entós aprovecha: "En lugar de hacer tanto hincapié en el bable (son incapaces de decir "asturianu" o "llingua", que ye lo que se estudia, lo de "bable" ye yá una confesión), que es un idioma que todos queremos y practicamos (risum teneatis?, decíen los llatinos, o sea, ¿nun vos mexáis de risa?), habría que hacer más énfasis en que los escolares hablaran inglés".

Dalguna precisión: l'asturianu ye obligatoriu en tola enseñanza obligatoria, efectivamente, pero nun lo ye: los pás puen escoyer "cultura asturiana" envede asturianu. Y munchos faenlo. ¿Paez mal esto tamién? ¿Val más que nun sepan de Tito Bustillo o de la catedral d'Uviéu, pero sí del Guggenheim o de les pirámides d'Exiptu?, por un decir.

En segundu llugar, l'inglés nun tien escoyeta, ye obligatoriu. Ye más, hai munchos colexos con una especialidá billingüe, onde parte les asignatures comunes (Ciencies Naturales, per exemplu) danse n'inglés. 

Y puedo asegurar que si, en xeneral, los escolinos acaben la ESO y el Bachilleratu sabiendo pocu inglés o sabiéndolu mal, deprenden cien mil veces más de lo que deprenden de l'asturianu.

Que por qué se nos (-yos) da tan mal l'inglés, o les llingües en xeneral. Pues eso ye fariña d'otru costal.

En fin, yo o que don Javier tendrá más conocencia de les demás coses de les que fala (que nun me cabe dulda), o más xuiciu sobre elles.



Imaxe tomada de La Nueva España




Ayer, en LNE: "Asturies: ni nos vemos ni nos ven"

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Ayer, en LNE: Cita previa y nueva burocracia

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 L’APRECEDERU

CITA PREVIA Y NUEVA BUROCRACIA

La “nueva burocracia”, la “nueva normalidad” de la relación con los servicios del Estado se ha convertido en un problema.

El más común: el acceso a la atención primaria. La petición de cita médica ha de realizarse por teléfono, el cribado inicial lo realiza un administrativo. Después (no significa el mismo día) el médico lo llama, usted describe sus síntomas, él interroga y diagnostica. Si el galeno cree que necesita una exploración meticulosa, es cierto, lo cita en la consulta. Lo normal es que despache vía telefónica.

Pónganse en el caso de quienes se expresan con dificultad o entienden mal y verán cómo es la cosa, sin descartar, además, la inseguridad sobre una exploración de esa guisa. También las necesidades de esa “nueva burocracia” (motivada por evitar la acumulación de pacientes en los ambulatorios, y, por tanto, los contagios) han eliminado el examen rutinario que se realizaba con los pacientes de enfermedades crónicas y los han dejado sin vigilancia continua y sin la tutela y consejo que mejoraba la vida del enfermo y le daba seguridad.

En el ámbito de la Administración general, la cita previa y el manejo de todos los trámites por internet han ralentizado todo. Si antes el trato con la Administración era desesperante, lo es más ahora: teléfonos que nunca se atienden, consultas que, por tanto, no pueden hacerse, cobros que no se efectúan (piensen en los ERTE). Incluso, los trámites por la “sagrada” internet no pueden realizarse a veces. Dos humoradas recientes: correo del Tribunal de Cuentas desaparecido como spam; navegadores que avisan que el servidor de un servicio público está mal conformado y que, para evitarle a usted peligros, no lo conectan con la página.

Y ahora repita, busque otros caminos (del teléfono olvídese), a ver si lo consigue. Y, si finalmente tiene que desplazarse al centro, normalmente le pedirán que se conecte por interné.

Como ardilla en jaula.

L’APRECEDERU

CITA PREVIA Y NUEVA BUROCRACIA

La “nueva burocracia”, la “nueva normalidad” de la relación con los servicios del Estado se ha convertido en un problema.

El más común: el acceso a la atención primaria. La petición de cita médica ha de realizarse por teléfono, el cribado inicial lo realiza un administrativo. Después (no significa el mismo día) el médico lo llama, usted describe sus síntomas, él interroga y diagnostica. Si el galeno cree que necesita una exploración meticulosa, es cierto, lo cita en la consulta. Lo normal es que despache vía telefónica.

Pónganse en el caso de quienes se expresan con dificultad o entienden mal y verán cómo es la cosa, sin descartar, además, la inseguridad sobre una exploración de esa guisa. También las necesidades de esa “nueva burocracia” (motivada por evitar la acumulación de pacientes en los ambulatorios, y, por tanto, los contagios) han eliminado el examen rutinario que se realizaba con los pacientes de enfermedades crónicas y los han dejado sin vigilancia continua y sin la tutela y consejo que mejoraba la vida del enfermo y le daba seguridad.

En el ámbito de la Administración general, la cita previa y el manejo de todos los trámites por internet han ralentizado todo. Si antes el trato con la Administración era desesperante, lo es más ahora: teléfonos que nunca se atienden, consultas que, por tanto, no pueden hacerse, cobros que no se efectúan (piensen en los ERTE). Incluso, los trámites por la “sagrada” internet no pueden realizarse a veces. Dos humoradas recientes: correo del Tribunal de Cuentas desaparecido como spam; navegadores que avisan que el servidor de un servicio público está mal conformado y que, para evitarle a usted peligros, no lo conectan con la página.

Y ahora repita, busque otros caminos (del teléfono olvídese), a ver si lo consigue. Y, si finalmente tiene que desplazarse al centro, normalmente le pedirán que se conecte por interné.

Como ardilla en jaula.

¿A cómo me les compráis?

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 ¿A cómo me les compráis?


Del 1/08/2020.


D'una sola trapa

Mazanes, al 05/07/2020.

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 Asina andaben les mazanes el 05/07/2020.


Cala doble y anaranxada

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 Esta cala doble y anaranxada. La Miñota, La ería, Güerres, 17/07/2020. 

Ayer, en La Nueva España: Malos tiempos

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                                         MALOS TIEMPOS

 

El exilio del Rey don Juan Carlos excita las glándulas de los doctrinarios de la república, pero, para todos, y  al margen de su peripecia personal, es un elemento más de estos malos tiempos, y, tal vez, los anuncia peores.

Ante todo, un detalle: aun siendo ciertas todas las acusaciones de irregularidades que contra él se efectúan, habrá que ver si son juzgables o no, esto es, si han sido cometidas mientras disfrutaba de inmunidad o no. Pero, en todo caso, no ha sido imputado aún. Sale, pues, del país, tan limpio desde el punto de vista legal como lo estemos cualquiera de nosotros, pero condenado en juicio mediático. Es cierto que el ámbito de la política se rige por parámetros de opinión, pero aún en esos términos, ¿no existen políticos acusados de gravísimos casos de corrupción, como los Pujol, que siguen en su casa después de décadas? Compárese.

Es evidente que, al margen de la inmoralidad o los delitos (depende lo uno o lo otro de que sean juzgables o no) de aquellos actos de que se acusa al emérito, gran parte de la campaña mediático-política que los ha jaleado y enjuiciado tiene un propósito que va más allá del de la justicia: el derribo de la monarquía, la constitución de una república, la conquista del poder por parte de algunos grupos y la implantación de su programa; al tiempo, la segregación de algunas de la comunidades autónomas. A esas tendencias, que ya existían, “el caso” Juan Carlos les da nuevo vigor. Y viene eso a coincidir con una pandemia que no sabemos cuánto durará (en todo el mundo) y con una terrible crisis económica (que no sabemos a qué infiernos acabará descendiendo). La coyuntura ideal para las tensiones sociales, la agitación y el triunfo de los discursos demagógicos sobre la prudencia y la realidad. Malos tiempos, pues, que pueden ser peores.

No tengo dudas de que la salida de Juan Carlos ha sido muy estudiada, y valoradas sus consecuencias. Por la Casa Real y por Moncloa. Pero dudo mucho que sirva de algo. El hostigamiento propagandístico al exRey no va a cesar, y los famélicos de república y bulímicos de poder seguirán mordiendo la pieza (he ahí a Iglesias diciendo que el Rey “ha huido” –hace unos días se lo empujaba a que saliese de la Zarzuela y abandonase el país–. Pronto pedirá que se lo traiga esposado). Es más, su salida desatará una campaña para convencer a la gente de que es una confesión de culpabilidad. Veremos cómo evoluciona la opinión pública al respecto. El aguante del PSOE frente al aguijoneo de sus socios será fundamental en el desarrollo del proceso.

En el fondo del problema –como una parte discursiva de él, como un tema central en parte, pero como un trampantojo para otras cuestiones: la toma del poder, la ocupación de la sociedad– habita la discusión entre monarquía y república, discusión deformada en España por una falsificación rotunda de lo que constituyó aquel desastre de II República desde el primer día, cercenada por la Guerra Civil, es cierto, pero que fue autodestruyéndose ella misma, entre otras cosas, con golpes de estado, algunos muy sangrientos, dados por los propios republicanos.

A mí me gustaría que los doctrinarios de la república, cuyo modelo es la II española, me contestasen a una pregunta, una sola: ¿En qué, concretamente, era mejor la España republicana del 31 al 36 que esta monárquica del 78? ¿En qué precisa libertad? ¿En qué grado federalizante o de autonomía de las regiones (y no me hagan reír, especialmente los republicanos asturianos)? ¿En qué protección a los trabajadores, tutela de derechos o bienestar social?

Y que se contestasen una segunda, con sinceridad, en lo íntimo de sus glándulas emocionales: para los de izquierdas, la mayoría, ¿qué tal una república con Aznar ocho años de presidente?; para los de derechas, que los hay pero menos: ¿qué tal una república con Zapatero ocho años de presidente?

Xuan Xosé Sánchez Vicente


Buganvilla

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Una de les buganvilles  más espoxigaes y guapes que conozáis.

Ayer, en LNE: Maravillas veraniegas y otras maravillas

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L’APRECEDRU  

MARAVILLAS VERANIEGAS Y OTRAS MARAVILLAS

                Las excavaciones veraniegas suelen traernos cada año alguna maravilla, algún hallazgo arqueológico que nos sorprende por su belleza o significado. Este año la maravilla ha sido la del encuentro de un ánfora en la ría del Eo. Como informa LA NUEVA ESPAÑA del 11/07/2020, la pieza, de gran tamaño y con dos asas, remonta a unos 2.600 años antes de Cristo. De tipo griego, ha de proceder del Mediterráneo, bien atravesando Francia y navegando después hasta nuestra tierra, bien bordeando la Península por el Atlántico.

                Me interesan los aspectos materiales de la cuestión. ¿Qué guardaba en su interior? ¿Por qué bienes esperaban cambiarlas quienes la transportaban? Evidentemente, no por monedas. Pero, especialmente, lo hacen los inmateriales, los emocionales e intelectuales. ¿Cómo sabían a dónde dirigirse y qué demandábamos aquí, en el territorio en que hacía pocos años que una nueva civilización había puesto en marcha los castros? ¿De qué modo había circulado esa información entre lugares tan lejanos? Y, sobre todo, ¿qué pasión o codicia hace aventurarse a comerciar a lo largo de tantos quilómetros o millas, a través de territorios hostiles en poco más que barcucos? ¿Qué vive en el interior de estos hombres?

                Pero no debería extrañarnos esa aventura. Muchos miles de años antes, alguien inventa un útil de piedra, pongamos, en algún lugar de la Europa oriental, o acaso una nueva forma de expresarse, pintando en lo oscuro de las cuevas con una determinada técnica. Poco a poco, esas nuevas técnicas o formas de expresarse viajan, se expanden, convencen, se contagian, se hacen universales. ¿Qué empuja a esos hombres a desplazarse, a formar a otros, a negociar seguramente con ellos, a no quedar con su secreto?

                ¿Podemos calificar su acción de progresista al transformar la naturaleza y mejorar las condiciones de vida o bien no lo es, al provocar, sin duda, la desigualdad social y entre grupos, que los más conservadores mantienen?

 

                Xuan Xosé Sánchez Vicente